Llegada a Venecia

06Sep09

Creo que hoy ha sido el día más cansado desde que empecé con el viaje. La cosa empezó anoche sobre las 4:15, hora en la que alguno de los compañeros de habitación se levantó para irse. Sobre las 6:15 me di cuenta de que ya no me iba a volver a dormir y que además hubiese sido para nada porque tenía puesto el despertador sobre las y media, así que me levanté, me duché, terminé de hacer la mochila y a las siete y media más o menos ya estaba en la estación esperando al tren que me llevaría a Brig para que desde ahí hiciera el transbordo al que me traería a Venecia definitivamente.

El viaje no ha estado mal y ha habido partes del paisaje que me han encontrado, sobre todo la que junta a Suiza e Italia, aunque una vez dentro de Italia ha llegado un momento en el que era todo igual. Lo malo es que no me he conseguido dormir, que era la idea inicial para poder echar el día como una persona más o menos normal.

La llegada a Venecia me ha recordado que dicen que los españoles y los italianos nos parecemos mucho. La estación es muy pequeña para la cantidad de gente que había, y cuando estaba haciendo cola para coger un mapa se me han acercado por lo menos tres o cuatro personas ofreciéndome información de sus hoteles y contándome que son lo mejor que puedo encontrar en toda la ciudad. Por otra parte, estéticamente me ha recordado a la antigua estación de Córdoba, ya no por la forma sino por la sensación de antigua y cutre-amarillenta que desprende cada una de sus paredes. En fin, que después de haber visto algunas otras estaciones del resto de Europa esto de hoy ha sido como una regresión en el tiempo.

En teoría al salir de la estación tenía que coger el vaporetto 2 que en una media hora me dejaba en la puerta del hostal. La parada del vaporetto estaba ahí, pero hoy, precisamente hoy, era el único día del año en el que había una regata llamada “regata storica” que ha tenido ocupados los canales hasta las ocho de la tarde.

Total, que estaba en Venecia, muerto de sueño, cargado con la mochila y sin forma de llegar al albergue… He estado dando vueltas por la zona de la estación que por lo que he visto debe ser muy turístico, porque creo que es la vez que más turistas juntos he visto. Era una marea de personas como nunca había visto, ya no sé si por la regata o porque Venecia normalmente es así. Cuando he hartado de tanta gente me he perdido por algunos callejones secundarios y es curioso ver como por ahí no había absolutamente nadie.

El resto de Venecia no sé cómo será, pero para lo que he visto por esa zona sólo se me ocurre una palabra: desconchado. Lo de los puentes y canales es precioso, las cosas como son, pero casi cualquier muro o edificio en el que me he fijado tenía unos desconchones enormes, y no sólo de los que quedan bonitos en las fotos. He pasado por una calle que parecía más una zona catastrófica que una calle de una ciudad. A ver mañana con qué me encuentro, ya subiré fotos.

El paseo en el vaporetto (un barco-bus, vaya) ha sido de lo mejor de la tarde. Bueno, de la noche, porrque al final he llegado sobre las 21:30. Ha tardado una media hora en llegar hasta el albergue y en contra de lo que pensaba no me he mareado, que no sé por qué pensaba que sí me iba a marear.

El día de hoy me ha servido para descansar moderadamente las piernas pero ya noto que están resentidas, así que he pensado que ya que me habéis recomendado Verona por un par de sitios, entre Venecia y Florencia haré un alto en Verona para tomármelo con calma, e incluso me regalo una noche de hotel normal con habitación y ducha para mí…

Ahora me voy a dormir, que estoy reventado. El albergue está bastante bien, muy grande y bastante limpio, aunque a las literas ya se les notan las primaveras. A ver si cojo fuerzas que mañana me espera un día de recorrerme todo esto…

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6 Responses to “Llegada a Venecia”

  1. Pues nada, a descansar. Yo acabo de llegar de casa del abuelo. Record: he dormido 2,5 horas.

  2. 2 Josef K.

    Idea para un cuento: “J., el anciano tío de L., nunca ha estado en Italia, ni en Suiza, ni en Alemania, ni en Holanda, ni en Bélgica, ni en Francia, ni en las Islas Británicas… en realidad –salvo una costa estancia en Benamejí– jamás ha salido de los estrechos límites de su ciudad, que a él le parecen inmensos. Aunque vive en un piso exiguo, a menudo se pierde camino del cuarto de baño. Siempre que piensa en esto, calcula que hasta el ataúd le resultará demasiado grande cuando llegue el momento, momento que en realidad ya ha llegado, está llegando justo en este instante en el que L., balanceándose sobre una góndola veneciana, considera que el mundo y la vida, aunque incomprensibles, son cosas de nunca acabar”.

  3. Insisto que J. el tío de L. debe visitar lo más rápidamente posible a su amigo y profesional de la Psiq. Visita que, según B.B. debería prolongarse, como mínimo, 35 años seguidos.

  4. 4 Josef K.

    Estoy de acuerdo con lzaf. Lo que me temo es que a J. tal vez no le queden 35 años por delante. Seguramente bastante menos. Quizás se esté muriendo mientras escribo esto.

  5. My God¡¡¡ J. is incredible¡¡¡¡

  6. Idea para un cuento: J. consciente durante una milésima de segundo de que no se encuentra bien decide contratar, por cien euros, a dos chorizos para que, con un bate de beisbol, le golpeen en el cráneo. Estos lo hacen encantados. Milagrosamente J., al volver a estar consciente, ya no desea morir…


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