Los nueve delfines

10Sep09

Algunos ya conoceréis esta imagen:

Otros seguramente no. El caso está en que si mostráis esta imagen a niños pequeños lo único que verán será nueve delfines, algo que probablemente a todos vosotros os cueste ver aunque estén ahí.

Creo que lo que me ha pasado a mí es más o menos parecido pero sin el factor porno. Me he creado una imagen de lo que se supone que son las cosas y por ahí andaba, sin poder ver mis nueve delfines. Las cosas no son sólo lo que vemos, aunque nos haga sentirnos bien ponerles una etiqueta. En el fondo creo que las cosas son lo que son, y sólo podemos decirnos qué significan para cada uno de nosotros. Si te pones otras gafas verás otra imagen. Y si le cambias el tipo de luz, verás otra completamente diferente. Que a alguien le caiga una maceta desde una ventana puede ser desde un chiste malo hasta un drama de proporciones bíblicas, y personalmente prefiero el chiste por malo que sea.

Lo que quiero es ver a mis nueve delfines en cada situación que se me presente, y aunque a veces no lo consiga haré todo lo que esté en mi mano para no olvidar que la decisión de que el vaso esté medio lleno sigue estando ahí… Si es que en el fondo soy un optimista 🙂

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8 Responses to “Los nueve delfines”

  1. 1 ccruz

    Hola Luis, hay muchas cosas que no dependen de nosotros, porque vienen impuestas por factores externos, pero la forma en la que queremos enfrentarnos a cada uno de los retos que nos presenta la vída, sí que depende de nosotros mismos.

    Elegir si queremos ver la moneda desde arriba ó de canto, es algo que está al alcance de todos. La decisión puede no ser siempre fácil, pero está ahí y debemos intentarlo.

    Prefiero pecar de optimista empedernida antes que caer en la autocompasión del que se cree una víctima del mundo y de sí mismo. Al fin y al cabo.. todavía no le he encontrado defectos al optimismo. Sé que algunos me tacharán de ingenua; pero yo sonreiré en la distancia. 🙂

    Muchos besos y disfruta del viaje!!!

  2. 2 Josef K.

    Creo que si el niño no ve a la mujer desnuda es porque en su estado de desarrollo sexual la contemplación de una mujer desnuda no le dice nada. A nosotros sí que nos lo dice. No creo que esté en nuestra mano el ver delfines o no verlos. Algunas puertas están ya cerradas, y no hay manera de volver a abrirlas.

    Ser joven consiste en disfrutar de todas las potencialidades sin actualizar ninguna de ellas. Un estado beatífico. Nos hacemos adultos y comenzamos a transitar un camino (matrimonio, profesión), y el camino cada vez se vuelve más estrecho, y al final tal vez todo se reduzca a un tránsito frenético del sillón al cuarto de baño y viceversa.

    Lo único que nos salva de la desesperación, según la receta de los románticos, es la ironía, el humor.

  3. Veo que sigues con tu viaje interior y exterior. Creo que no debes dejar de buscar delfines. Alguna vez verás 3, otras 6 y otras ninguna. Pero no ceses en la búsqueda. No significa que vuelvas a la infancia, sino que no dejes de ver con ojos asombrados y asombrosos los misterios que nos depara la vida. El niño pequeño se “asombra” por todo. El adulto, por el hecho de serlo, cree que ya lo sabe todo y se duerme. Pierde esa mágica capacidad de vibrar ante algo que descubre. Se pliega a los convencionalismos. Cierra las puertas de su niñez, que eran mágicas, y deja de buscar.
    El universo jamás dejará de mostrarnos, poco a poco, sus secretos, y cuando lo haga debemos gritar de alegría.
    Si te encuentras puertas cerradas y no tienes la llave para abrirlas, porque la perdiste o la arrojaste conscientemente al río creyendo que no necesitarías usarla de nuevo, simplemente ábrela de una fuerte patada. Tal vez detrás de aquella puerta infantil aún subsistan sensaciones y sentimientos inexplorados.
    Mira el mundo con los ojos bien abiertos y no te preocupes de lo que opinen los demás.
    En fin, asómbrate de que en una placita de Verona hayan hecho una estatua a una gimnasta. Pregunta quién era, por qué le erigieron el monumento. Seguro que habrá una historia detrás de ello.
    Bueno, que acabo de “no” dormir con el abuelo y la neurona ya se está recalentando.

  4. Veo que existen algunas discordancias (plurales, singulares, etc.) en lo que digo más arriba. ¿Será ello motivo para J. intente morir de nuevo? Hay que tener en cuenta que su sensibilidad respecto a estas cuestiones es superlativa. Espero, no obstante, que no abandone el planeta, que, en todo caso, sólo se fracture alguna falange…

  5. 6 Josef K.

    De vuelta del último sepelio de J. (el anciano tío de L.), me encuentro con L. hijo y con L. padre (este último sin reloj de pulsera). Muy enfadados porque piensan que en realidad yo soy el verdadero J., les digo que vayan al tanatorio a comprobarlo. L. y L. corren prestos, mientras J. huye de la pecera donde lo exhiben y viene a verme. Con semblante serio me anuncia que como siga enviando a sus sepelios a escépticos de la talla de L. y L. lo voy a matar de un disgusto. Como no puedo prometerle nada, muere de hecho allí mismo, mientras L. y L. se encuentran, muy contrariados, con una pecera vacía.

  6. Anda¡¡¡Pero si era un pez¡¡¡

  7. 8 Josef K.

    Evidentemene J. no es un pez, sino un ser humano como tú o como yo.
    La pecera es la cabina de vidrio donde exhiben a los muertos en los tanatorios y en la que J. se siente, por cierto, como pez en el agua.
    Me da mucha pena de que te burles de este modo del pobre J., quien -me comunican por telegrama- acaba en este momento de fallecer.


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